Primera proposición: la negación tajante que el Acuerdo equivalga a la solución de la problemática vasca. Más realista es afirmar que debe tratarse de un arreglo, palabra de clara raíz foral, que expresa una transacción coyuntural, alejada del punto final definitivo pero enfocado a sentar las firmas bases para una solución de futuro. En fórmula irlandesa, que esta generación firme un pacto, para que la siguiente, en un sistema democrático y pacífico, decida libremente los términos de un nuevo acuerdo. Para este momento, la distensión debe regir las relaciones entre los vascos/as, la palabra será el arma dialéctica exclusiva y la convivencia será la propia de seres humanos civilizados.
Pero volvamos a la presente coyuntura y al arreglo a exigir. Dos planos emergen en este pacto: el interior o doméstico y el relativo a las relaciones con las instancias estatales. El primero debe servir para romper la secular tradición de enfrentamientos (oñacinos v. gamboínos, apostólicos v. liberales, carlistas v. cristianos, demócratas v. fascistas, constitucionalistas v. vasquistas,...), llegándose a un punto de confluencia generalmente aceptado. Confluencia que significa que todos deben dejarse pelos en la gatera en aras de alcanzar el primer pacto: así, la parte social independentista, debe asumir la realidad estatal y la inserción en la misma y la otra parte, admitir una profundización en el autogobierno vasco hasta llegar a los ámbitos de libertad propios de la historia foral. En síntesis, un sistema de autogobierno y libre decisionismo del País sin mengua de la unidad constitucional expresada en un monarca, una Constitución y un ámbito restringido de competencias estatales.
En cuanto a la territorialidad es preciso asumir en el ámbito de Vasconia los valores propios de la Unión Europea que exigen uniones territoriales coaligadas y siguiendo los principios de solidaridad y fraternidad. Resulta inconcebible en este contexto que espacios contiguos, con evidentes vínculos históricos, sociales y económicos vivan de espaldas entre sí, cuando no asumiendo posiciones caínitas, como en el actual gobierno de U.P.N. Igual perplejidad ante el Partido Socialista de Navarra y su obstaculización de cualquier tipo de relación entre la Comunidad Autónoma Vasca y la Comunidad Foral de Navarra ¿dónde se encuentra la solidaridad en un partido que hasta hace poco cantaba la Internacional?
Luego asumamos colectivamente lo evidente: la necesidad entre ambas Comunidades de institucionalizar lazos culturales, económicos y políticos como base de partido que el futuro decidirá si es oportuno otro nivel relacional. Lo mismo, salvando las distancias estatales, puede predicarse en relación a Iparralde.
En el ámbito de la inserción en el Reino de España, una afirmación: la imposición -y una mayoría parlamentaria centralista también puede ser impositiva- nunca ha funcionado en relación a Vasconia, como lo demuestran -demasiado expresamente- los reiterados conflictos bélicos del pasado inmediato. El paroxismo llegó con la atroz dictadura franquista que dejó como legado un País Vasco en pie. Por el contrario las fórmulas concertadas del pasado foral, con esporádicos conflictos, hicieron realidad una plena Vasconia cómodamente instalada en instancias superiores. Parece llegado el momento, con ocasión del presente arreglo, de expresar una nueva relación que conecte la clara diferencialidad de Vasconia con un sistema respetuoso por parte del Estado español. El arreglo, por lo tanto, supondrá la amalgama de un País libre en unos Estados ni impositivos si superiores. Al fin y al cabo, los modelos federales o confederales están a la vista y en Estados punta en el orbe. Que la siguiente generación, y lo decimos por última vez, decida definitivamente.