El esquema de resolución de conflicto de la propuesta "Orain herria, orain bakea" presentada por Batasuna en el velódromo de Anoeta en noviembre de 2004 era teóricamente impecable . La 5º parte enumeraba, entre otos "Compromisos", el respeto a las distintas sensibilidades del pueblo vasco (esto es, a las nacionalistas vascas y no nacionalistas vascas), y la voluntad de dirimir las diferencias de modo pacífico y democrático.
La 6º parte proponía "Dos espacios para el diálogo y el acuerdo":
- una mesa de acuerdo entre los agentes políticos, sociales y sindicales sobre la creación de un nuevo escenario en el que se pudiera decidir cualquier status político, el cual debería ser refrendado por la ciudadanía de Euskal Herria.
- 2-otra mesa de acuerdo entre ETA y los Estados español y francés sobre:
- desmilitarización del conflicto
- presos, deportados y refugiados
- víctimas
La propuesta deslindaba pues los campos del acuerdo político, competencia exclusiva de los actores civiles, y el de las consecuencias de la práctica armada de ETA, único tema a discutir entre esta organización y los Estados. ETA respaldó lo declarado en Anoeta en enero de 2005.
Ni que decir tiene que la barbarie aberrante de la explosión en la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas ha roto el espíritu y la letra de Anoeta. Pero la solución sólo puede venir de la izquierda abertzale civil.
A nadie se le escapa que la ligazón emocional de HB con los miembros represaliados de ETA era, y sigue siendo en la Batasuna actual, muy intensa. Pero sería un error confundir esta identificación antirrepresiva con la identificación con la violencia de ETA. Desde sus primeros tiempos, las encuestas destacaron la existencia de una bolsa muy importante de votantes que la rechazaba. La influencia de esta corriente de fondo se hizo sentir desde mediados de los años 90, en base a factores internos -Elkarri, la exteriorización de esta corriente en las Asambleas- y externos: sobre todo el espejo de Irlanda del Norte, que demostraba que un conflicto violento nacional podía entrar en vías de solución por medios pacíficos y democráticos.
Los tres años y medio sin muertes rotos el pasado 30 de diciembre no se han debido sólo al macro-terrorismo de Al-Quaeda, sino a esta presión de la izquierda abertzale sobre ETA. Fue ella la que basó el esquema de resolución de conflicto de Anoeta.
Pero el gobierno español ha sido responsable, al ceder a la presión de las cavernas del PP y del Estado, del naufragio de un proceso que exigía mover ficha tanto en el ámbito carcelario, el cual afectaba tan profundamente a la identidad anti-represiva abertzale, como en el de la mesa de partidos, necesario para la resolución del conflicto.
El rechazo a la lógica político-militar de ETA por la base, y la dirección de Batasuna se está mostrando sin tapujos. Es él sin duda el que ha obligado a ETA a declarar vigente el alto-el-fuego; y será él el que le forzará a eliminar la inadmisible incongruencia de pretender compatibilizarlo con eventuales "respuestas a las agresiones del Estado". Caer, cediendo ante el PP, en la apuesta por la represión de los sectores civiles de la izquierda abertzale sería un enorme error y una flagrante injusticia. Lo que por otra parte obstaculizaría y retrasaría, pero no impediría, algo que es ya irreversible: la resolución del conflicto a través del diálogo, y el fin definitivo de la violencia.