Si limitamos el término Historia al período, más o menos largo, compuesto por acontecimientos sucesivos, es justo pretender que vivimos un momento de nuestra Historia cuya importancia revela el punto al que hemos llegado después de largos períodos de silencios impuestos por tiranos y matones y de voces estridentes de vocingleros. Ni unos, ni otros detuvieron la reflexión de un pueblo poco o nada dispuesto a aceptar conceptos “prêt à porter” tan cómodos de revestir en épocas de preocupaciones alejadas de temas de interés general como los que movilizan a Lokarri.
Los objetivos de Lokarri en este curso se resumen en el impulso de la realización de acuerdos que conduzcan, con la complicidad del tiempo, a una reconciliación después de la confirmación generada por la consulta popular única garante de la solidez del alcance de los objetivos fijados en tiempo de paz.
No todos los actores de nuestra Historia actual calibran igual los elementos de la estructura de la Paz que buscamos.
Para unos se trata de la Pax Romana y su versión actual la American Peace cuya clave reside en la imposición de los criterios del vencedor de la contienda. Para aquellos que creen que el objetivo de Paz está ya alcanzado por el hecho importantísimo de compartir el deseo de abrir cauces democráticos de debates políticos, es necesario precisar que el problema de fondo empieza a tratarse a partir del comienzo del Proceso de Paz.
La situación política de cada interlocutor del Proceso no será la misma antes y después del debate sobre un acuerdo posible que conduzca a la consulta popular y a la reconciliación. Si unos y otros, sin determinarlos con precisión, no tienen la cultura del consenso, difícilmente se podrán alcanzar condiciones de convivencia manifestada por las solidaridades necesarias a la vida en colectividad, con sus acuerdos y desacuerdos.
Si se considera que el “alto el fuego permanente” a partir del 24 de marzo de 2006 anunciado por ETA clausura el “problema vasco“ se habrá cometido un error político de calado imprevisible. Si al contrario se estima que el “alto el fuego permanente” es el comienzo de la búsqueda de soluciones consensuadas del “problema vasco” toda esperanza está permitida.
Redundando en el concepto de cultura, ¿existe realmente una cultura del diálogo que debe preceder a la búsqueda de consenso así como una cultura de esa búsqueda?