La legislatura comienza con mal pie. La Izquierda Abertzale representada por Batasuna no tendrá voz en el próximo Parlamento Vasco después de que hayan sido anuladas las candidaturas presentadas por D3M y Askatasuna. La fotografía de nuestra realidad social no estará suficientemente representada al faltar los representantes que corresponden a las casi 100.000 personas que votaron a D3M. Estas personas siguen existiendo, tienen sus proyectos, sus objetivos y su manera de pensar, aunque no hayan tenido oportunidad de hacer que sus votos se conviertan en escaños. Es un sector social que debe ser tenido en cuenta y que debe tener la oportunidad de participar en la vida política en igualdad de condiciones que el resto de formaciones políticas.
Lokarri considera que es especialmente relevante analizar los resultados teniendo en cuenta las propuestas de los partidos políticos en relación a la paz y la normalización. Así, se puede comprobar que los partidos que defienden claramente el final de la violencia representan al 91% de la población, los que reclaman la derogación de la Ley de Partidos el 56%, los que defienden el diálogo y consideran deseable alcanzar un nuevo acuerdo político el 85%, quienes defienden el derecho a decidir el 56%. Estos datos son absolutamente incuestionables y reflejan una nítida mayoría social que señala un camino para avanzar hacia la solución de los problemas de violencia y convivencia que padece la sociedad vasca.
En estos momentos todo hace indicar que el próximo Lehendakari será el candidato del PSE, Patxi López, contando con los apoyos del PP. Esta posibilidad nos llena de preocupación, no por la elección en sí del Lehendakari, sino por la posibilidad de que el apoyo del PP se traduzca en una influencia de este partido en las medidas que impulse el próximo Gobierno vasco para lograr la paz y la normalización.
Durante toda la campaña electoral el PP ha defendido un modelo de "no diálogo y no acuerdo" que es antagónico al que ha apoyado la sociedad vasca en estas Elecciones. Es más, la trayectoria reciente del PP, especialmente durante el Gobierno de Aznar, ha estado basada en una estrategia de "todo vale" contra ETA y el nacionalismo, de entorpecer el reciente proceso de paz, de judicialización de la política, de criminalización del diálogo, de utilización de las víctimas, etc. El proyecto del PP no tiene como objetivo buscar lo que nos une como sociedad. Su estrategia consiste únicamente en obtener la victoria.
No es sencillo el reto del PSE para gestionar esta cuestión desde el gobierno, ya que tendrá que decidir entre aceptar el apoyo del PP en esta cuestión, asumiendo su negativa al diálogo e ignorando las voluntades sociales mayoritarias, o impulsar un proceso de diálogo que tenga como objetivo un acuerdo plural y sin exclusiones, respetando la voluntad popular expresada en las urnas y los compromisos plasmados en su propio programa electoral.
19 de marzo de 2009