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Unai Ziarreta (Secretario General de Eusko Alkartasuna): La base del acuerdo es el respeto a la voluntad popular

26-02-2007

La opinión de Unai Ziarreta sobre el acuerdo
La capacidad de acordar y de pactar sobre cualquier tipo de cuestión está en la base misma de toda sociedad. La convivencia libre entre diferentes sólo es posible en función de que seamos capaces de llegar a acuerdos y de consensuar unas bases y principios comunes de actuación. Es lo que los ciudadanos de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa hicimos en 1979 al aprobar el Estatuto de Gernika, algo que los navarros, en cambio, ni siquiera pudieron hacer con el Amejoramiento. Sin embargo, durante los casi 28 años transcurridos desde entonces el Estatuto ha sido vulnerado permanentemente por los sucesivos gobiernos españoles. El nulo respeto mostrado por los poderes del Estado a lo que fue un pacto de convivencia y la lógica evolución social y política de nuestro país hacen hoy imprescindible la renovación de aquellas bases y reglas comunes y su adecuación a las actuales circunstancias de Euskal Herria.
 
El vigente marco estatutario ha sido superado por la realidad política y social y ya no satisface las necesidades de la sociedad vasca. Estamos obligados, por lo tanto, a renovar ese pacto de convivencia sobre unas bases nuevas y hoy es el día en que tenemos a nuestro alcance lo que resultó imposible hace 30 años: la posibilidad de llegar a un acuerdo que traiga consigo además la resolución definitiva del conflicto político y, en consecuencia, el final de la violencia.
 
Acuerdo y convivencia son conceptos que en su propia esencia tienen como punto común de partida la capacidad de ceder y de ser flexible en las posiciones particulares. Buscar el consenso con otros obliga a abandonar los maximalismos y a trabajar por el mínimo común denominador. Mal haríamos unos y otros si exigiéramos ver reflejados todos y cada uno de nuestros objetivos particulares en ese consenso; sería tanto como renunciar al acuerdo. Para que sea realmente válido, el nuevo pacto debe incluir a las múltiples sensibilidades de la sociedad vasca, a todas, y para ello no hay nada mejor que echar mano del primero de los principios democráticos: el respeto a la voluntad popular. Ésta es la base sobre la que edificar un nuevo acuerdo de convivencia que, sin corsés de ninguna clase, deje abiertas todas las puertas y expeditos todos los caminos, de forma que sea la propia ciudadanía vasca la que decida por mayoría la vía que más le conviene seguir en el futuro, sea la que sea.

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