Si he de ser sincera cuando se habla de proceso de paz y de lo que implica, en un primer momento no es la obtención de un acuerdo, precisamente, lo que me viene a la cabeza.
De primeras, siento un tremendo deseo de agarrar a algunos por el cuello, machacarlos, escupirles a la cara, sacarles las tripas y todo tipo de lindezas semejantes que rara vez me atrevo a expresar en voz alta.
Pues bien, a estos pensamientos me lleva también la expresión "derrotar a ETA" que se oye por boca de algunas personas. Derrotar significa hundir, arrasar, destrozar, humillar, derribar, avasallar etc. y se parece mucho a exterminar, aniquilar, eliminar y en fin a matar. Parece indicar que la mejor manera de acabar con la violencia es eliminar a los violentos. Suelo pensar que serviría para aplacar mi deseo de venganza, pero ¿y después qué?.. NADA. Nada más que más odio y sed de venganza, pero claro, esta vez sería por parte de "los otros"... Seguiríamos en el círculo vicioso de vencedores y vencidos.
Tras ese primer arranque instintivo me doy cuenta de que lo que necesito es vivir en paz, y deseo un futuro en positivo para mis hijos y mi entorno. Quiero verles sonreír y disfrutar de lo que la vida les tenga reservado dejando atrás los malos momentos.
Creo que las bases de ese futuro no pueden ser ni la venganza, ni el odio, ni la ira. Intento apartar esos sentimientos de mi corazón y recurrir al diálogo, la empatía y la tolerancia. Pero si ya de por sí me resulta difícil dar ese enfoque positivo a mi vida, la cosa se complica cuando hay quienes pretenden utilizar esos sentimientos en beneficio propio, con el fin de impedir cualquier movimiento (llámese diálogo, negociación, o como se le quiera llamar) que no esté abocado a la "derrota de ETA".
No es a ETA a quien hay que derrotar sino a la violencia, la que llevamos dentro y la que empleamos en nuestras palabras y a veces en nuestros actos.
A las "víctimas" se nos utiliza como ariete contra quienes desean soluciones dialogadas al conflicto, en el convencimiento de que nadie se atreverá a llevar la contraria a quien "tanto ha sufrido". Las "victimas" no somos el problema. Somos la consecuencia de un conflicto no resuelto y ya es hora de hablar del problema que todos tenemos encima, de sus causas y de sus consecuencias.